Edu Avila | La Revolución Enmascarada
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La Revolución Enmascarada

El monstruo cayó, su sangre negra y podrida empapaba es escritorio lleno de billetes; el tiro había sido más certero, en las calles la muchedumbre enmascarada derramaba lágrimas de alegría y en el bosque solo se escuchaba un rugido de libertad.

Nunca antes una revuelta popular fue construyéndose con tan pocas armas, nunca antes una fábrica había sido tan asistida al clamor de su amenaza.

Todo comenzó un martes 21; el monstruo en su actitud cobarde mandó a sus emisarios a entrar a la fábrica a la fuerza, los osos estaban dormidos, agazapados, y no esperaban esa arremetida. Se sintieron perdidos y solos, desde un escritorio forrado de oro negro y billetes habían querido destruir su hermosa fábrica, aquella donde corrían, se alimentaban y veían sus veranos verdes pasar; no entendían porque interesaba tanto la mierda que había por debajo del piso.

El demonio de sangre negra había hecho su trabajo, se dedicaba a vender podredumbre y era un negoción; las ciudades la amaban, la utilizaban para todo, el hombre sentía que era la respuesta a todos sus problemas, que no habría alternativa y que traía progreso, y bienestar. ¿Bienestar?, ¿Cómo puedes sobrevivir sin aire? ¿Podrían alimentarse del oro negro y nauseabundo convertido en plástico?. Sí, era incomprensible.

Las lágrimas de los protectores de la fábrica eran incontrolables, pero comenzaron a surtir efecto. Como respuesta divina llegó doña conciencia y comenzó a reproducir a los osos, un ejército de ellos comenzó a recobrar la memoria. Se acordaron como la mierda había llenado su tierra de más porquería, de corrupción, de llanto y de diferencias; por otro lado la fábrica se dedicaba a producir vida, esperanza y paz.

El jucumari cuando se ve amenazado pasa de ser un tierno osito a un gigante parado de más de dos metros de alto. El ejército de nuevos osos se buscó una nueva defensa, y se armó de palabras, se armó de sueños. La estrategia era arriesgada, los disparos eran al hombre, se buscaba crecer, se necesitaba más gigantes armados de ideas y convicciones para derrotar al enemigo.

Si, la estrategia era arriesgada… pero comenzó a surtir efecto; las banderas jucumari se comenzaron a enarbolar, las máscaras de miles de osos poblaron las calles, las armas no costaban nada y se hacía más fácil la causa. El desalmado cómplice del monstruo temblaba, vió como su traición le pegaba un sopapo en la cara y él retrocedía; el del oro negro le pasaba más billete para contraatacar con su arma favorita, el miedo y la ignorancia. Pero las máscaras se multiplicaban, la vida iba ganando.

Y llegó el día glorioso, Don Oro Negro llegó a su escritorio y buscaba a su escolta por todos lados; el cobarde ya había huído, el miedo y la ignorancia del pueblo se había diluído. Esa tarde un niño de escasa edad se ofreció como francotirador, su bala dorada entró al fusil y puso el objetivo en la mira; la palabra iba dirigida al bolsillo, y era un tiro certero. El monstruo sintió el disparo y comenzó a gritar, mientras se desangraba sobre los billetes daba patadas de desesperación, maldecía a su socio cobarde; caído sobre el piso se dio cuenta que no era su final, que había otras fábricas que tomar, en otros lugares lejanos; solo necesitaba buscar otro socio tan traidor y corrupto como el anterior, entonces todo herido y sangrado escapó; eso sí, sabía que sobre esa fábrica no volvería más, mientras la muchedumbre enardecida y enmascarada prevaleciera era imposible retornar.

En la fábrica un bebé jucumari nace y suelta un pequeño rugido, es una esperanza de vida, es el gracias a sus guerreros enmascarados.

Despierto en medio de la noche y siento aún mi pecho latir con fuerza, ¿Era un sueño? y me doy cuenta que no, me toca desenfundar mi arma. Y aquí están mis palabras, que salen de un teclado a tu conciencia, que te invita a que te pongas una máscara, por tu vida, por la fábrica. Tariquía no se toca, y la multitud enardecida la defenderá a muerte, contra la ignorancia, el miedo, el billete y la pobredumbre

#Tariquianosetoca #TodosSomosJucumari

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