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Madrid del Encuentro

El imponente Adolfo Suarez de Barajas me recibe con toda su vasta dimensión; y como quién dice, de un solo saque, Madrid y Europa ya te impresionan con su desarrollo, orden y educación en los primeros minutos.

Al llegar a la casa de Marta, (un AirBnb sacado con bastante tiempo de anticipación), termino de entender que quizás este será el viaje de mi vida, no por el hecho de las comodidades o el concepto del primer mundo; me espera calidez humana. Con una dulzura y una educación increíble, Marta me explica y enseña todo lo referido al departamento, a Chamberí, zona en la que viviré por dos semanas, y me da todas las posibilidades de cómo moverme en está voraginosa ciudad, que solo me la había pensado y soñado en canciones de Sabina.

Calidez, educación, amistad; este será el resumen de mi viaje.

Arrancamos el 8 de enero, cumpliendo mis 36 años en la inauguración de la Estancia Internacional del CEREM, el único boliviano de alrededor de un centenar de hermanos latinoamericanos que buscamos una experiencia académica y cultural diferente.

Nos toca reunirnos en grupos para preparar una presentación de nuestro país, situación bastante inquietante para el pobre mexicano y yo, qué estamos más solos en ese universo que nadie. Me toca redactarlo y prepararlo solo; sin embargo, viene el primer toque de magia, la coordinadora decide reunirme con los chilenos y los argentinos para comenzar a establecer esas primeras redes de contacto; creo que nunca se dio cuenta que había juntado a quizás al mejor grupo de la Estancia y lo que serían a futuro mis nuevos amigos y hermanos de viaje y aventura por 20 días.

La piedra angular de la unión tiene 25 años, es en definitiva una criatura no solo hermosa a la vista, sino que destila por los poros buena onda y ganas de hacer amigos. Entre charla y charla Caro me mira y me dice – ¿hoy es tu cumpleaños? ¡Pero almorzamos juntos y te compramos una torta! – .

Esa inmortal frase arranco un camino de clases, visitas, circuitos turísticos, 100 Montaditos, ATR y una amalgama de cultura, amistad y cariño, que pensé eran imposibles.

El hermoso grupo de sudamericanos que me acompañaron en estas experiencias

Quizás me detengo mucho en esto, pero en cada una de estas crónicas de viaje, iré mostrándoles y presentando a cada uno de estos personajes; porque sin ellos no podría haber tenido esta aventura y haber conocido Europa y enamorarme de Madrid como lo estoy.

Caro Fontana es una de los 6 argentinos de la Estancia, Ingeniera Civil que viene viajando por Europa ya desde hace unos días. La caracteriza su sonrisa y su facilidad de hablar con las personas, sin ningún estereotipo metido en la cabeza, es quizás la directora de la orquesta por su capacidad de juntar a todos. Bailarina, cantora (una crack), siempre sonriente y tratando de hablar con todos.

Caro Fontana, mi ahora amiga y hermana de Buenos Aires

En nuestra primera charla y en sus primeras impresiones me resume algo que será una verdad ineludible en este viaje. Europa se desarrolla y es primer mundo no por su economía, su tecnología, su ancestral cultura, etc.; es la educación y el respeto por el espacio público, los buenos modales, el apego estricto a las leyes y a las normas; que resumen el estilo de vida del europeo en mayor o menor medida.

No envidio su tecnología o sus modernas infraestructuras; envidio su respeto al peatón, su honestidad, su orden, su limpieza, su amor a las cosas comunes y de todos (parques, plazas, museos, cultura) y si bien deben tener siempre marcadas diferencias, se tratan de entender hablando, dialogando; y me duele mi tierra por sus marcadas diferencias, por su falta de educación, de HONESTIDAD, por la incesante lucha por desprestigiar a tu hermano para ganar uno.

Eso somos, y eso lastima.

Es así que en mi onomástico número 36, de la mano de mi amiga Caro y otros 16 chicos de Argentina, Perú, Chile y Bolivia comenzarán estas historias, vivencias que marcaron la aventura de un chapaco que fue a estudiar y se trajo no solo conocimiento, sino cultura, paz y nuevos hermanos.

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